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              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

                                  CÁNTICO 18
                        LOS GRITOS DE LOS POBRES
                                 14º CÁNTICO


              Un diálogo presenta el grito de los pobres que se eleva
              hacia sus hermanos más pudientes (1-5) y hacia Dios (6), la
              respuesta de Dios a sus amigos preferidos (7-8). Vuelven
              los pobres a hacer oír su voz que en visión evangélica exalta
              las ventajas de la limosna (9-11).

              1.   Ricos, presten oído, escuchen nuestras voces:
                 socórrannos, amigos, pues somos miserables,
                 pero somos cristianos y somos sus hermanos...
                 ¡Socórrannos, escúchennos, muéstrense amables!
              2.   Porque sean nuestros padres Dios los ha enriquecido,
                 para que nos protejan, les hizo poderosos
                 ustedes se divierten, viven en la abundancia,
                 y a nosotros nos dejan como a menesterosos.

              3.   Ustedes, bien vestidos, duermen sobre edredones;
                 el hambre nos consume y sin ropa nos rebajan;
                 a ustedes los honran, los bendicen y aprecian;
                 a nosotros nos hieren, nos desprecian y ultrajan.


              4.   Nos rechazan y alejan, ninguno nos da nada,
                 y hay quien piensa obrar bien si nos puede pegar;
                 nos ahuyentan y apresan, nos meten a la cárcel,
                 y llegan hasta prohibirnos nuestra angustia expresar.


              5.   Los ricos nos responden: «¡No tenemos dinero!»
                 nos tratan de canallas, nos gritan y nos dicen,
                 «¡Malditos haraganes, raza de pordioseros!»;
                 y eco del populacho, mil nobles nos maldicen.

              6.   Socórrenos, Señor. Ve cómo nos hallamos.
                 ¿O como todo el mundo nos quieres olvidar?
                 Míranos desde el cielo, pues eres nuestro Padre;
                 mira nuestra miseria, contempla nuestro andar.
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