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Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort
los ojos modestamente bajos o fijos en el altar, las manos
cruzadas sobre el pecho y cubiertas con el manto. Durante
la predicación pueden sentarse o quedarse de pie. Si la
debilidad o el cansancio no les permiten permanecer de
rodillas, pueden sentarse modestamente.
21. EL RETIRO DOMÉSTICO
246 1. Aunque no pueden guardar estricta clausura, como
la hay en los conventos, ya que están obligadas a practicar
en exterior la caridad con el prójimo, deben –no obstante–
crearse un ambiente peculiar de clausura, tanto más difícil
cuanto que viven rodeadas de gentes y mezcladas con ellas.
247 2. Dondequiera que se encuentren, tiene cada una
su celda y apartamento, incomunicado con los extraños,
aunque sean los pobres de los hospitales o las alumnas de
las escuelas.
248 3. Como ya se dijo, no permiten entrar en su aposento
a gentes extrañas, hombres o mujeres, sin absoluta necesidad
ni permiso expreso.
249 4. Cuando reciban visitas, salen de su aposento para
hablar con los extraños en una sala destinada a este fin. Sin
embargo, por amor al retiro y con permiso de la superiora,
pueden rehusar el presentarse al locutorio.
250 5. Antes de ir a él, pasan siempre por el oratorio
público o la capilla, donde recitan el Ven, Espíritu Santo y el
Avemaría. Durante la visita, hablan con dignidad, sabiduría,
modestia y brevedad, siendo siempre las primeras en
abreviar la entrevista.
251 6. No van jamás al locutorio ni salen de casa sin el
manto, que las envuelve como una mortaja.
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