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                                                     Regla Primitiva de la Sabiduría


                   Cuando haya dos aulas distintas para las clases, se reúne en
                   la primera a las alumnas que están aprendiendo a escribir
                   y leer de corrido; en la segunda, a quienes comienzan a
                   aprender a formar palabras y distinguir las letras.

                   290  10. Las alumnas estudian lectura y escritura durante
                   hora y media por la mañana y hora y media por la tarde. Las
                   dos horas restantes de la mañana se dedican a la enseñanza
                   de las oraciones y del catecismo y a la participación en la
                   santa misa, y en la tarde, a la recitación del rosario. En total,
                   cinco horas de clase cada día.

                   291  11. Las alumnas no entran a clase sino cuando, a las
                   ocho en punto, las llama la campana. Lo hacen con modestia,
                   en silencio, de dos en dos. Al entrar, toman el agua bendita,
                   diciendo en voz alta: “Gracias a Dios”. Van luego a colocarse
                   de rodillas cada una en su sitio. Permanecen en silencio,
                   con las manos juntas, mientras terminan de entrar sus
                   compañeras, hasta que la maestra comience la oración de
                   la mañana con la invocación: “¡Oh Espíritu Santo, dadnos
                   tu luz! Ven a inflamarnos a todas, para guiarnos y formar
                   nuestras plegarias. Sin ti no podemos hacer ningún bien.”

                   La maestra da entonces la primera señal, para que todas se
                   pongan en pie; da una segunda señal, para que hagan una
                   reverencia en honor de Jesús y de María; da una tercera,
                   para que todas se sienten, teniendo las manos juntas.

                   292  12. La Hermana comienza por enseñar a hacer, en
                   forma debida y por dos veces, la señal de la cruz. Luego las
                   hace ponerse en presencia de Dios y recitar los siguientes
                   actos de piedad:
                   1.  “Creo firmemente que estás aquí presente; te adoro y
                       reconozco como a mi soberano Dueño y Señor, de quien
                       dependo exclusivamente.”
                   2.  “Dios mío, creo todo lo que cree y enseña la santa Iglesia
                       católica, apostólica y romana, porque tú mismo lo has
                       dicho, y no puedes engañarnos.”
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