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Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort
fructuosamente la amarga medicina de la corrección y
les imponen penitencias que ellos no aceptan y los hacen
rebelarse. Esta conducta y modo de gobernar sólo son
buenos para espíritus ruines y serviles, que se guían por
el temor y la fuerza, pero de ningún modo para quienes se
atan voluntariamente y se guían por amor.
305 5. Esta conducta caritativa de la superiora no debe
impedirle el ser enérgica y justa al reprender y corregir a
quienes yerran. Sabe distinguir las faltas de fragilidad e
ignorancia de las que se cometen por malicia y obstinación.
Perdona fácilmente las primeras y, a veces, las pasa por alto,
pero reprende y corrige sin contemplaciones las segundas,
poniendo siempre gran dulzura en la firmeza y haciendo
comprender que se decide por la corrección, a pesar suyo,
en pro del bien de toda la comunidad. Si no dice nada o
habla con debilidad a una Hermana que, de propósito y sin
querer esforzarse, cae en una falta pública contra la Regla
–por ejemplo, infringiendo el silencio, la obediencia–, caería
ella misma en complicidad o condescendencia culpable. Y
debería responder delante de Dios de las transgresiones a la
Regla y del relajamiento que tal conducta podría introducir.
306 6. Si una Hermana comete una falta pública, notada
por las demás, y la superiora juzga que la culpable tiene
suficiente virtud para aceptar una reprensión pública, se la
hace. Pero si la culpable, agitada por la pasión, no se halla
en grado de sacar fruto de la corrección, la superiora pide
a la comunidad, testigo de la falta, que no se escandalice,
asegurándole que restablecerá el orden. Más tarde, en
privado, corregirá a la culpable, dándole una penitencia
pública para reparar la falta cometida en público.
307 7. Jamás reprende públicamente las faltas secretas,
que a nadie han escandalizado.
308 8. Evita cuidadosamente tutear a sus súbditos,
decirles palabras injuriosas, reprocharles pública, aunque
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