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Regla Primitiva de la Sabiduría
La superiora debe consagrarse especialmente a las poco
dotadas y débiles, aunque sin descuidar a las perfectas,
a fin de que perseveren sin relajarse. Por tanto, que se
preocupe de las necesidades de las Hermanas, conforme
a la sinceridad del amor cristiano y no a la inclinación
natural, sin tener en cuenta su origen o procedencia, la
gentileza de su espíritu, sus buenas caras y otros elementos
cautivadores. No trata con tanta familiaridad a unas, de
suerte que provoque la envidia de otras.
317 No reprende, en seguida y delante de las demás, las
faltas cometidas, sino que lo hace en privado y con caridad,
a menos que la falta sea tal que exija una reacción inmediata
para bien de las presentes. En tal caso, lo hará en forma tal
que, condenando el defecto, alivie a la culpable, procurando
que la teman de verdad y, sin embargo, que la quieran
mucho más.
318 No concede fácilmente a nadie el uso de los
sacramentos con mayor frecuencia de la fijada por las
constituciones, por temor de que, en lugar de una amorosa y
respetuosa comunión, hagan muchas por imitación, envidia,
amor propio y vanidad.
319 Escoge, entre las Hermanas, una amiga verdadera
que le advierta caritativamente sus defectos y a quien
las Hermanas puedan dirigirse fácilmente para expresar
las quejas que por respeto no se atreven a manifestarle
personalmente. Y la escuchará con alegría cuando ella le
aconseje en privado.
320 12. Puede dispensar de la observancia regular, en casos
particulares, si la prudencia, la caridad, la necesidad, la
enfermedad o el empleo lo exigen. Pero no dispensa, para
siempre, a ninguna Hermana teniendo en cuenta solamente
la condición social de la persona.
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