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Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort
En esta carta Luis María, todavía muy joven misionero, se
revela en la sensibilidad de su humanidad, en la riqueza de
mensaje pastoral y en la solidez de su espiritualidad. A lo
largo de toda la Carta utiliza un tono paternal de afectuosa
amistad que muestra su amor por los pobres, sobre todo
del suburbio marginado de Montbernage. Allí la gente
se divertía con el vino y el baile, blasfemaba y trabajaba
el Domingo por necesidad de ampliar los recursos del
sustento material. Por eso Montfort escogió este sector para
provocar una transformación cristiana. Se familiariza con
las categorías más miserables, mezclándose en su cultura,
hasta hablar de “mis caras pescaderas y revendedoras”, con
originalidad tan propia en él, como rara en los predicadores
de la época.
También les reprocha sus defectos a los pobres del
sector, pero sobre todo los estimula a tener en cuenta su
responsabilidad para dar testimonio de su cristianismo
auténtico y comprometido por la observancia de los
contenidos esenciales que les recuerda: fidelidad a las
promesas del bautismo, ardiente amor a Cristo, frecuencia
de los sacramentos y prácticas de vida cristiana; genuina
devoción a la Santísima Virgen, como medio seguro para
seguir a Cristo y preservar.
Finalmente, en su búsqueda de la Sabiduría, confía a
la oración de sus amigos la intención penitencial de su
peregrinación a Roma para afrontar las incomprensiones y
persecuciones y superar las incertidumbres de su vocación
con la confianza suprema en María y la fe absoluta en el
Padre Providente.
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