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Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort
a expensas de la Providencia, para alcanzar de Dios, por
intercesión de la santísima Virgen, la perseverancia de
todos ustedes. Y añado por otros muchos porque llevo en
el corazón a todos los pobres pecadores del Poitou y otros
lugares, que para desgracia suya se condenan. Sus almas son
tan preciosas ante Dios, que por ellas ha derramado toda su
sangre; y ¿yo no haré nada? Emprendió por ellas tan largos
y penosos viajes, y ¿yo no haré ninguno? Arriesgó hasta
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su propia vida, y ¿yo no arriesgaré la mía? ¡Ah! Sólo un
pagano o un mal cristiano pueden permanecer insensibles
ante la inmensa pérdida de estos tesoros infinitos: ¡las almas
rescatadas por Jesucristo! Rueguen, pues, por esto. Amigos
míos, rueguen también por mí, a fin de que mi malicia e
indignidad no obstaculicen cuanto Dios y su santísima
Madre quieren realizar por mi ministerio.
7 Busco la divina Sabiduría; ayúdenme a encontrarla.
Estoy pensando en mis poderosos enemigos, todos los
mundanos, adoran lo caduco y se deleitan en ello, me
desprecian, se burlan de mí y me persiguen; todo el infierno
ha tramado mi perdición, y levantan contra mí por todas
partes las potencias. Y, en medio de todo esto, me siento
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débil , más aun, la debilidad personificada; soy ignorante,
más aún, la ignorancia misma y lo demás… que no me
atrevo a decir. No cabe duda: solo y miserable como soy,
pereceré si la Santísima Virgen y las almas buenas –las de
ustedes en particular– no me sostienen y alcanzan de Dios
el don de la palabra o la divina Sabiduría que remedie todos
mis males y sea el arma poderosa contra mis enemigos.
9 Para llegar a Roma, el peregrino francés tenía que cruzar la Italia del Norte,
que en aquella época era teatro de enfrentamientos bélicos entre el ejército
de Luis XIV, rey de Francia, y las tropas del emperador de Alemania, José
I. Los soldados de ambos bandos se dedicaban al pillaje. Los extranjeros,
viajeros o peregrinos podían ser molestados o desvalijados. Es cierto que
encontró obstáculos. Se sospechó de él que fuera “un enemigo disfrazado
de cura” (BESNARD, Montfort p.99).
10 Ver Sal 24,16: Estoy afligido.
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