Page 798 - Obras_Completas_ 2da_Edi_2020_P2
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                                                  Disposiciones para la Buena Muerte


                   en la patria de los vivos, porque sólo en ella y no en la de los
                   moribundos podré alabarte y amarte perfectamente. Caminaré en
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                   presencia del Señor, en el país de la vida . Sólo allí podré, Dios
                   mío, agradarte sin desagrado; contemplarte sin oscuridad, amarte
                   sin inconstancia y servirte sin defectos. [Mi alma] tiene sed de
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                   Dios, del Dios vivo . ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de
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                   los ejércitos!   ¡Al despertar me saciaré de tu semblante! . Hasta
                   entonces, ¡oh Señor!, no tendré paz, mi corazón no dejará de latir
                   y seguirá languideciendo de amor. Creaste para ti mi corazón, que
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                   seguirá inquieto hasta descansar plenamente en ti .
                   49   8. ¡Padre eterno, Padre de las misericordias, Padre de las
                                                           23
                   luces, de quien desciende todo don perfecto! , te agradezco
                   infinitamente –por medio del corazón de Jesús– todos los favores
                   que te has dignado concederme gracias solamente a tu bondad; te
                   agradezco todos los instantes de mi larga vida, que coloco en tus
                   manos con corazón pletórico de gratitud y amor. Te doy gracias
                   humildemente por el uso que de ellos me has concedido. Te doy
                   gracias también por todos los momentos de feliz eternidad y por
                   todos los bienes de gloria que espero gracias a los méritos de
                   las llagas de mi Salvador, que los has ganado para mí con tantos
                   sacrificios.


                   Invito a todos los santos y a todas las creaturas a alabarte en
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                   nombre mío. ¡Todo ser que alienta alabe al Señor! .
                   50    9. ¡Ay de mí! Cuando pienso en el mal uso que he hecho de
                   todos estos bienes y en la ingratitud con que te he correspondido,
                   siento vivísimo dolor y profundo remordimiento de toda mi vida
                   miserable. Te pido humildemente perdón de todo ello y te suplico
                   que borres las manchas de mi alma con la sangre de tu amadísimo
                   Hijo y que olvides mis negligencias pasadas, que tantas veces


                   18  Sal 116[114-115],9.
                   19  Sal 42-43[41-42],2.
                   20  Sal 84[83],2.
                   21  Sal 17[16], 15.
                   22  San Agustín, Confesiones.
                   23  Sant 1,17
                   24  Sal 150,6
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