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                                      Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen

                       alcanzado de Dios, de los apóstoles y evangelistas que
                       no la dieran a conocer;

                   2.    porque Ella es la obra maestra de las manos de Dios
                       tanto en el orden de la gracia como en el de la gloria, y
                       Él quiere ser glorificado y alabado en la tierra por los
                       hombres;

                   3.  porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de
                       justicia, Jesucristo, y, por lo mismo, debe ser conocida
                       y manifestada si queremos que Jesucristo lo sea;


                   4.   porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a
                       nosotros la primera vez, y lo será también cuando venga
                       la segunda, aunque de modo diferente;

                   5.  porque Ella es el medio seguro y el camino directo e
                       inmaculado para ir a Jesucristo y hallarle perfectamente.
                       Por Ella deben, pues, hallar a Jesucristo las personas
                       santas que deben resplandecer en santidad. Quien
                       halla a María, halla la vida (ver Prov 8,35), es decir, a
                       Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn
                       14,6). Ahora bien, no se puede hallar a María si no se
                       la busca ni buscarla si no se la conoce, pues no se busca
                       ni desea lo que no se conoce. Es, por tanto, necesario
                       que María sea mejor conocida que nunca, para mayor
                       conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad;

                   6.    porque  María  debe  resplandecer,  más  que  nunca,
                       en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia:
                       en misericordia, para recoger y acoger amorosamente
                       a los pobres pecadores y a los extraviados que se
                       convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder
                       contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos,
                       mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se
                       rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer,
                       con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan;
                       en gracia, finalmente, para animar y sostener a los
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