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              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

              cristiana son enviados. “Este es uno de los mejores secretos
              venidos del cielo para irrigar los corazones con celestial rocío
              y hacer que produzcan los frutos de la Palabra de Dios, como
              lo demuestra la experiencia cotidiana” (RM 57).

              Comparada con ASE, VD y SM, ésta, dedicada al conocimiento
              y difusión del santo Rosario, es la menos personal y original del
              autor porque en gran parte es una reducción del extenso libro
              de 400 páginas del dominico Antonino Thomas, intitulado El
              rosal místico, cuya segunda edición fue publicada en 1683.

              Los primeros números del opúsculo que Montfort organizó
              para servicio de la misión  y renovación de la vida cristiana,
              revelan los destinatarios a quienes estaba dedicado: los
              sacerdotes,  los  pecadores,  las  personas  místicas  o  de
              vida  espiritual  más  avanzada,  y  los  niños.  Todos  pueden
              aprovechar  este  admirable  secreto  de  santidad.  Niños  son
              todos los que comienzan a recitar el rosario. Cuando habla de
              los pecadores, Luis María se considera el más grande de ellos.
              Al interrogante de que el rosario pudiese retardar el vuelo de
              las personas místicas, responde: “Si llegas a consultar a ciertas
              personas de oración, dado que no conocen por experiencia
              personal las excelencias del rosario, no sólo no lo aconsejarán
              a nadie, sino que alejarán de él a los demás, invitándolos para
              que se dediquen a la contemplación, como si el rosario y la
              contemplación fueran incompatibles; y como si tantos santos
              que han sido devotos del rosario  no hubieran llegado a la
              más sublime contemplación” (SAR 149).

              Los sacerdotes son quienes mejor pueden promover el rosario:
              “Qué felicidad la del sacerdote y director de almas a quien el
              Espíritu Santo haya revelado este secreto, desconocido de la
              mayoría  de  los  hombres    o  sólo  conocido  superficialmente
              por  ellos.  No    nos  contentemos  pues,  queridos  hermanos,
              con recomendar a los demás el rezo del rosario. Tenemos que
              rezarlo nosotros mismos” (SAR 1-2).

              Para  motivar  a  sus  lectores,  Montfort  presenta  el  origen
              maravilloso de esta devoción mariana y lo ilustra con milagros
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