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                                                                     Cartas


                   María en el misterio de Cristo y de la Iglesia a favor del
                   pueblo de Dios. Con tal experiencia se preparó para ser el
                   guía seguro como misionero apostólico, como profeta de los
                   últimos tiempos y doctor de la espiritualidad renovadora
                   de la Sabiduría eterna y encarnada.

                   El Cardenal Danielou da una explicación iluminadora
                   del misterio de la experiencia de Dios: “El exceso de gozo
                   divino colma el alma más allá de su propia imaginación.
                   Es la bienaventuranza, el gozo trascendente. Y este gozo
                   borra todos los otros gozos. Los místicos han descrito
                   incansablemente la suficiencia de Dios para el alma que ha
                   encontrado al único necesario... Si el alma queda colmada
                   hasta su capacidad, Dios permanece siempre más allá de
                   todo lo que el alma puede captar. Pero al comunicarse al
                   alma, Él dilata su capacidad y la hace capaz de una nueva
                   comunicación. El alma está a la vez siempre colmada y
                   siempre sedienta... La trascendencia de Dios subsiste en la
                   comunicación misma que Él concede de sí mismo, de tal
                   manera que la visión beatífica será el eterno descubrimiento
                   de los incomparables esplendores divinos, en el cual Dios
                   será por fin conocido y, aunque jamás comprendido, será
                   para siempre el más conocido   y el más desconocido”.

                   Luis María confiaba a su hermana el 1º de enero de 1713:
                   “Te sorprenderías, ciertamente, si conocieras en detalle
                   la amable cruz que el cielo, por intercesión de nuestra
                   bondadosa Madre, me regala. Te ruego que des gracias por
                   ello a mi amable Jesús y pidas a tu amable comunidad, me
                   obtenga de Jesús crucificado la fuerza de cargar las cruces
                   más crueles y pesadas como si fueran pajas y saber resistir
                   con rostro de acero a los poderes infernales” (C 24). Y, el 15
                   de agosto siguiente: “Si conocieras en detalle mis cruces y
                   humillaciones, dudo que tuvieras tantas ansias de verme. En
                   efecto, no puedo llegar a ninguna parte sin hacer partícipes
                   de mi cruz a mis mejores amigos, frecuentemente a pesar
                   mío y a pesar suyo... Siempre alerta, siempre sobre espinas,
                   siempre sobre guijarros afilados, me encuentro como una
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