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Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort
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A su hermana Guyonne-Jeanne (=Luisa)
Nantes (¿?), 1701.
En los corazones de Jesús y de María no hay distancias. Cruz,
alegría, confianza en el Señor forman una trilogía de realidades que
nos hacen “profesos” de la divina Providencia. Esta no falla nunca.
Querida hermana en Jesucristo: ¡el amor puro de Dios reine
en nuestros corazones!
Aunque estoy corporalmente lejos de ti, no lo estoy de
corazón. Porque el tuyo no está lejos de Jesucristo y de su
santísima Madre y eres hija de la divina Providencia, cuyo
hijo ‒aunque indigno‒ soy también yo. Debieran llamarte,
más bien, novicia de la divina Providencia, porque apenas
ahora comienzas a practicar la confianza y el abandono
que ella pide de ti. Y no serás recibida como profesa e hija
de la Providencia sino cuando tu abandono sea general y
perfecto, y tu inmolación, total.
Dios te quiere, hermana mía, Dios te quiere apartada de
cuanto no es Él y, quizás, abandonada efectivamente de
toda creatura. Pero ¡consuélate, alégrate, sierva y esposa
de Jesucristo, si te asemejas a tu Maestro y Esposo! ¡Jesús
es pobre! ¡Jesús está abandonado! ¡Jesús es despreciado
y rechazado como la basura del mundo! ¡Feliz! Sí: ¡mil
veces feliz Luisa Grignion si tiene espíritu de pobre, si es
abandonada, despreciada, rechazada como la basura de la
casa de San José! Entonces sí que será verdaderamente la
servidora y esposa de Jesucristo y será profesa de la divina
Providencia, aunque no lo sea de la Congregación.
Hermana querida, Dios quiere que vivas al día... Como el
pájaro en la rama, sin preocuparte por el mañana. Duerme
en paz en el seno de la divina Providencia y de la Santísima
Virgen, buscando solamente amar y agradar a Dios. Porque
es una verdad infalible y un axioma eterno, tan cierto como
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