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              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

              culpablemente del redil?– Pero, ¡yo soy el buen pastor! (Jn
              10,11.14). ¿Temen, quizás, por estar cargados de pecados,
              cubiertos de manchas y abrumados de tristeza? –Por eso
              precisamente deben venir a mí, pues yo los liberaré de su
              carga, los purificaré y aliviaré.”

              71  Queriendo  la  Sabiduría,  por  una  parte,  manifestar
              su amor a los seres humanos hasta morir en lugar suyo
              para salvarlos, y no pudiendo, por otra, decidirse a
              abandonarlos, encuentra un secreto admirable para morir
              y al mismo tiempo seguir viviendo y permanecer con ellos
              hasta el fin de los tiempos: es la amorosa institución de
              la  Eucaristía.  Y  para  satisfacer  cumplidamente  su  amor
              en  este  misterio,  no  tiene  inconveniente  en  cambiar  y
              trastornar las leyes naturales.

              No se oculta en el brillo de un diamante ni de otra piedra
              preciosa, porque no quiere quedarse sólo exteriormente con
              los seres humanos. La Sabiduría se oculta, más bien, bajo
              las apariencias de un trozo de pan –alimento propio del ser
              humano–, a fin de que, al ser comida por éste, pueda llegar
              hasta el corazón humano y encontrar allí sus delicias. “Es
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              el invento de un amor intenso” . “¡Oh Sabiduría eterna!
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              –dice un santo –. ¡Oh Dios realmente pródigo de sí mismo
              por el deseo que tiene del ser humano!”


              3.    INGRATITUD DE QUIENES RECHAZAN
                  A LA SABIDURÍA

              72  ¿Cuál  no  será  entonces  nuestra  insensibilidad  e
              ingratitud, si no nos conmueven los ardientes deseos, los
              amorosos inventos y las pruebas de amistad de la amable
              Sabiduría?



              45  San Juan Crisostomo, In Iohannen homilia 46 c 6 n 3: PG 50,260.
              46  Abad Guerrico, Sermo 1 in Pentecosten n 1: PL 185,157: “O Deum...
                 prodigum sui prae desiderium hominis!”
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