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El Amor de la Sabiduría Eterna
CAPÍTULO SÉPTIMO
ELECCIÓN DE LA VERDADERA
SABIDURÍA
74 Dios tiene su Sabiduría. Y es la única Sabiduría
verdadera y digna de que la amemos y busquemos como
un gran tesoro. Pero también el mundo depravado tiene
la suya. Y a ésta debemos condenarla y detestarla como
malvada y perversa. Los filósofos también tienen su
sabiduría. Esta merece nuestro desprecio porque es inútil
48
y, con frecuencia, peligrosa para la salvación .
Hemos hablado hasta aquí de la Sabiduría de Dios a las
almas perfectas –como dice el Apóstol– (1Cor 2,6). Pero,
ante el temor de que se dejen engañar por el oropel de la
sabiduría mundana, mostremos la impostura y malignidad
de esta última.
1. LA SABIDURÍA MUNDANA
75 La sabiduría mundana es aquella de la cual se ha dicho:
Anularé el saber de los sabios (1Cor 1,19) según el mundo. La
sabiduría de la carne es enemiga de Dios (Rom 8,9). Esta
sabiduría no baja de lo alto; ésa es terrestre, animal y diabólica
(Sant 3,15).
Consiste esta sabiduría mundana en una perfecta armonía
con las máximas y modas del mundo; en una tendencia
continua a la grandeza y estimación; en la búsqueda
constante y solapada de los propios caprichos e intereses;
pero no de modo patente y provocador con algún pecado
escandaloso, sino de manera habilidosa, astuta y engañosa;
48 No pretende el P. de Montfort negar el valor del estudio de la filosofía y
ciencias naturales. Sólo que, en comparación con la ciencia de Jesucristo
y la de la caridad (ver 1Cor 12,2.8; GS 15), son como basura (ver Flp 3,8).
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