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                                                     El Amor de la Sabiduría Eterna

                   96  Pero  las  palabras  que  comunica  la  divina  Sabiduría
                   no  son  palabras  ordinarias,  naturales  y  humanas.  Son
                   palabras divinas:  El  mensaje  de  Dios  no  lo  acogieron  como
                   palabra humana, sino como lo que es realmente, como palabra
                   de Dios (1Tes 2,13). Son palabras enérgicas, conmovedoras,
                   penetrantes: La palabra de Dios es viva y enérgica, más tajante
                   que una espada de dos filos (Heb 4,12). Son palabras que parten
                   del corazón de quien habla y penetran hasta el fondo del
                   corazón del oyente. Salomón había recibido este don de
                   Sabiduría cuando escribe que Dios le había  concedido
                   expresar  con  claridad  lo  que  le  dictaba  el  corazón:  Me
                   concedió Dios saber expresarme (Sab 7,15 -Vulgata).

                   97  Y  éstas  son  las  promesas  de  Nuestro  Señor  a  los
                   apóstoles:  Yo  les  daré  palabras  tan  acertadas,  que  ningún
                   adversario les podrá hacer frente... (Lc 21,15).

                   ¡Oh! ¡Cuán pocos son hoy día los predicadores que poseen
                   este inefable don de la palabra y pueden decir con San
                   Pablo: Exponemos un saber divino, enseñamos la Sabiduría
                   de Dios! (1Cor 2,7). La mayor parte hablan guiados por
                   las luces naturales de su inteligencia o según lo que han
                   aprendido en sus lecturas, pero no según los dones recibidos
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                   de lo alto , es decir, no según la divina Sabiduría les hace
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                   sentir, ni según la abundancia del corazón , o sea, según
                   la abundancia que reciben de la divina Sabiduría. Por eso
                   son tan raras las conversiones logradas con la predicación.
                   Si el predicador hubiera recibido de la Sabiduría el don de
                   la palabra en forma eficaz, el auditorio no podría resistirlo,
                   como sucedía en otro tiempo: los oyentes no podían resistir
                   a la Sabiduría y al Espíritu que hablaba por boca de él (Hech
                   6,10). Un predicador lleno de esta Sabiduría hablaría con



                   65  Ver Sab 7,15. Oración y predicación forman un binomio que orienta la
                      vida del misionero: la fuerza y la dilatación de esa fuerza trasformadora
                      del Espíritu...
                   66  Mt 12,34: Es posible que el predicador, si carece de la auténtica Sabiduría-
                      experiencia de Dios, resista a la Palabra y comience a predicarse a sí
                      mismo...
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