Page 185 - Obras_Completas_2da_Ed
P. 185

↑ ÍNDICE


              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

              La Sabiduría dio éxito a las tareas del justo e hizo fecundos sus
              trabajos; lo protegió contra la codicia de los explotadores y lo
              enriqueció; lo defendió de sus enemigos y lo puso a salvo de sus
              asechanzas; le dio la victoria en la dura batalla para que supiera
              que la Sabiduría es más fuerte que todo (Sab 10,10-12).

              101  Se  lee  en  la  vida  del  Beato  Enrique  Suso,  religioso
                       70
              dominico , que su deseo de adquirir la Sabiduría eterna
              era tan vivo, que él mismo se ofreció varias veces a padecer
              toda clase de tormentos con tal de alcanzar sus favores.
              “Pues, ¡qué! –reflexionaba–. ¿No sabes que los enamorados
              soportan  miles  y  miles  de  sufrimientos  por  el  objeto  de
              su amor? Consideran dulces los desvelos, agradables las
              fatigas  y  el  trabajo  como  un  descanso,  cuando  tienen  la
              seguridad de que la persona amada se sentirá obligada y
              satisfecha. Si los hombres hacen todo esto para dar gusto
              a una pobre creatura, ¿no te avergüenzas de tu falta de
              empeño  cuando  se  trata  de  adquirir  la  Sabiduría?  ¡Oh
              Sabiduría eterna! ¡No, no retrocederé jamás en tu amor,
              aunque para llegar a tu mansión tenga que caminar entre
              zarzas y barzas que me envuelvan hasta la cabeza! Aunque
              me vea expuesto a mil crueldades en el cuerpo y en el alma,
              ¡preferiré tu amistad a todo y te haré reinar como soberana
              absoluta sobre todos mis afectos!”

              102  Algunos  días  después,  yendo  de  camino,  cayó  en
              manos  de  unos  ladrones,  que  lo  golpearon  y  redujeron
              a  estado  tan  lamentable,  que  ellos  mismos  se  sintieron
              movidos a compasión. Enrique, al verse en tan deplorable
              situación y desprovisto de todo socorro, cayó en profunda
              melancolía y, olvidando su propósito de mantener el valor
              en las pruebas, comenzó a llorar, preguntándose por qué
              le afligía Dios de esa manera. Pensando esto, se durmió. Al
              clarear la mañana, oyó una voz que le reprendía, diciendo:
              “¡Miren  a  nuestro  héroe!  Ese  que  hiende  las  montañas,
              trepa por las rocas, asalta ciudades, mata y despedaza a


              70  Enrique  de  Berg (1295-1366),  dominico  alemán,  escritor  místico  y
                 predicador influyente en su tiempo y en siglos posteriores.
              186
   180   181   182   183   184   185   186   187   188   189   190