Page 189 - Obras_Completas_2da_Ed
P. 189

↑ ÍNDICE


              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

              su  pureza,  enteramente  divina,  lo  cautivó;  su  fe  viva  y
              sus continuas y amorosas plegarias le hicieron violencia.
              La Sabiduría se encontró amorosamente vencida por tan
              amorosa  búsqueda:  “¡Oh!  ¡Cuán  grande  fue  el  amor  de
                                                                  83
              María que venció al Omnipotente!”, exclama San Agustín .

              ¡Cosa  admirable!  Queriendo  la  Sabiduría  descender  del
              seno del Padre al seno de una virgen para descansar entre
              los lirios de su pureza; queriendo hacerse hombre en Ella
              y  darse  enteramente  a  Ella,  envió  al  arcángel  Gabriel  a
              llevarle su saludo y manifestarle que le había conquistado
              el corazón, por lo cual deseaba hacerse hombre en su seno,
              siempre que Ella diera su consentimiento.

              El  arcángel  cumplió  su  misión.  Aseguró  a  María  que
              conservaría  su  virginidad  a  pesar  de  ser  madre,  y  obtuvo
              –no  obstante  la  resistencia  de  su  profunda  humildad–  el
              consentimiento  inefable  que  la  Santísima  Trinidad,  los
              ángeles  y  todo  el  universo  esperaban  desde  hacía  tantos
              siglos. María, humillándose ante su Creador, respondió: Aquí
              está la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que has dicho (Lc 1,38).

              108  Observa cómo, en el instante en que María otorgó su
              consentimiento de ser Madre de Dios, se obraron múltiples
              prodigios. El Espíritu Santo formó de la purísima sangre
              de  María  un  cuerpecito  y  lo  organizó  con  perfección.
              Dios creó el alma más perfecta que jamás ha creado. La
              Sabiduría increada, el Hijo de Dios, se unió en realidad de
              persona a ese cuerpo y esa alma. Y así se realizó este gran
              portento del cielo y de la tierra, este prodigioso exceso del
              amor de Dios: El Verbo se hizo carne (Jn 1,14). La Sabiduría
              eterna se ha encarnado. Dios se ha hecho hombre sin dejar
              de ser Dios. Este Hombre-Dios se llama Jesucristo, es decir,
              Salvador (Mt 1,21; Lc 1,31).
              A continuación, el compendio de su vida divina en este
              mundo.
              83  No hay evidencia de que se trate de un texto de San Agustín. Quizás sea
                 de Ricardo de San Víctor (en su Comentario al Cantar de los cantares
                 26: PL 196,483). Ver Juan Morinay, María y la debilidad de Dios.
              190
   184   185   186   187   188   189   190   191   192   193   194