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                                                     El Amor de la Sabiduría Eterna

                   todos los enemigos cuando goza de prosperidad... ¡Pero
                   en la adversidad no tiene ni coraje, ni brazos, ni piernas!
                   ¡En tiempo de consolación es un león; en la tribulación, un
                   ciervo pusilánime! ¡La Sabiduría no ofrece su amistad a
                   cobardes e indolentes como éste!”

                   Ante tal reprimenda, el Beato Enrique confesó la falta que
                   había cometido al afligirse en forma exagerada, y suplicó
                   a  la  Sabiduría  que  le  permitiera  desahogar  su  corazón
                   llorando amargamente. “¡No, no! –replicó la voz– Nadie en
                   el cielo te estimará en nada si –como un pequeñuelo o una
                   mujercilla– te pones a llorar. ¡Enjuga tus ojos y muestra un
                   rostro sereno!”

                   103  La  cruz  es,  pues,  el  patrimonio  y  recompensa  de
                   cuantos desean y poseen la Sabiduría eterna. Pero esta
                   amable Soberana –que lo hizo todo con número, peso y
                   medida– sólo envía a sus amigos cruces proporcionadas a
                   sus fuerzas y vierte tan suave unción sobre los sufrimientos,
                   que en ellos encuentran sus delicias 71 .




























                   71  Ver VD 153-154: la Virgen María es la dulzura de las cruces.
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