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                                                                  Carta No. 5


                   Te ruego decir a la señora B que recibí su paquete de cartas
                   para el señor Obispo de San Maló.


                   Querido tío, te confieso que estos encargos me molestan y
                   me hacen revivir al mundo.

                   Pluguiese a Dios que me dejen en paz como a los muertos en
                   la tumba o al caracol en su concha. Pues, mientras se queda
                   escondido en ella, parece algo. Pero, en cuanto sale, es todo
                   inmundicia y fealdad. Eso soy yo, y aún peor, pues echo
                   a perder cualquier empresa en cuanto intervengo en ella.

                   Te pido entonces, en nombre de Dios, que no te acuerdes de
                   mí sino para encomendarme a él: Que no triunfe el hombre...
                   De la gente tramposa y depravada, líbrame, Señor (Sal 43[42],1).
                   En el Señor y su bondadosa Madre, soy tuyo en el tiempo
                   y por la eternidad.


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                          Al P. Francisco Leschassier  (1641‑1725),
                            superior del seminario de San Sulpicio
                                y director espiritual de Luis
                                Nantes, 6 de diciembre de 1700.

                   Las cartas más largas de Montfort son las que escribe a su director
                   espiritual. Ordenado sacerdote el 5 de junio de 1700, Luis María se
                   fue con el Señor Lévêque a formar parte de su comunidad misionera
                   en Nantes. Sus superiores de seminario hubieran querido retenerlo
                   en San Sulpicio, pero respetaron sus tendencias apostólicas.
                   Tras breve experiencia, cuenta a su director las dudas que le
                   asaltan y las aspiraciones más válidas y decisivas que reflejan su
                   pensamiento misionero y su inspiración de fundador inquieto por
                   la renovación de la Iglesia, el catecismo a los pobres, la conversión
                   de los pecadores y la formación de servidores de Nuestro Señor y

                   1  Decano de la Sorbona, sulpiciano de gran valía y virtud. Ocupó el cargo
                      de rector del seminario mayor de San Sulpicio hasta el año 1700, cuando
                      reemplazó al señor Tronsón como superior general. Al morir el señor Baüyn
                      pasó a ser confesor y director espiritual de Luis María.
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