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El Amor de la Sabiduría Eterna
En San Sulpicio afirma su rectitud incondicional y prepara
su futuro apostolado. La cruz forja su temple y la Virgen
María suaviza las aristas de su temperamento.
La Sabiduría lo invade y lo hace estallar de felicidad
comunicando su gozo y abriendo a sus hermanos las
riquezas del tesoro que habita en él. “La Sabiduría existe,
yo la encontré. El Amor existe, yo lo he saboreado. Vengan
todos a beber las dulzuras de Jesús. Jesús es mi Amor; Jesús
es mi riqueza” (ASE 94-97).
La Sabiduría es Jesús, es el Verbo eterno encarnado en el
seno de María y muerto en la cruz por nuestra salvación.
Eso lo afirma ya la tradición cristiana. De ello da testimonio
la liturgia. En la misma Escritura está la fuente de tal
identificación. Por eso para los pueblos de las Américas y
el Caribe la experiencia espiritual y misionera de Montfort
encuentra un terreno abierto y fértil de acogida a las semillas
del Verbo encarnado.
Que Montfort es el autor de ASE no hay ninguna duda.
Según Juan Bautista Blain, el señor Leschassier, director
espiritual de Luis María, “juzgaba que sin duda el señor
Grignion había alcanzado un grado sublime de unión con
Jesucristo, pues, poco antes o después de su ordenación...
le encargó que escribiera al respecto. El señor Grignion, que
con facilidad me hablaba, me contó esto confidencialmente
y me prometió el escrito. Luego, por humildad o por
obediencia, nunca me lo dio”. El libro sobre la Unión con
Jesucristo bien pudo ser El Amor de la Sabiduría Eterna.
Como destinatarios, Montfort quiere que todos los que
escuchan la Sabiduría que él anuncia, sean inflamados por
un deseo nuevo de amarla y de poseerla en el tiempo y
en la eternidad (ASE 2). Aunque se propone proclamar a
todos la grandeza, la belleza, la dulzura y los atractivos de
la verdadera Sabiduría, sin excluir a nadie, ni siquiera a los
mayores pecadores, se dirige explícitamente a los “grandes
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