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↑ ÍNDICE


                                                     El Amor de la Sabiduría Eterna


                   María antes de morir: “Estoy entre Jesús y María, gracias a
                   Dios y a María. He terminado mi carrera. Todo está hecho,
                   ya no pecaré más”.

                   El libro trata del Amor completamente gratuito que la
                   Sabiduría eterna manifiesta por nosotros antes, en y después
                   de su Encarnación, y del amor que nosotros debemos a
                   la Sabiduría eterna y encarnada. Para amarla, hay que
                   conocerla. Para poseerla, hay que desearla. “Pocos la
                   encuentran porque pocos la buscan como ello lo merece”
                   (ASE 61).

                   Enriquecido con el don y el privilegio de la Sabiduría,
                   Luis María siente el deber apremiante de darla a conocer
                   para hacerla desear y amar. Expone lo que es en sí misma
                   la Sabiduría eterna, lo que hace de manera constante por
                   nosotros, para expresar su amor de Sabiduría encarnada por
                   cada persona y por toda la humanidad pecadora, y propone
                   una  respuesta  de  nuestra  parte  a  las  manifestaciones
                   amorosas de la Sabiduría.

                   Montfort conoce por experiencia y propone cuatro medios
                   para obtener y conservar la divina Sabiduría; los ha vivido
                   antes de proponerlos, como lo atestiguan claramente sus
                   cartas. Ante todo elimina las falsas sabidurías. De paso
                   reconoce que hay una sabiduría humana natural, para
                   proponer luego “la Sabiduría sustancial e increada - el Hijo
                   de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es
                   decir la Sabiduría eterna  en la eternidad, o Jesucristo en el
                   tiempo” (ASE 13). Esta es la única Sabiduría digna de ser
                   buscada y amada. Para ello hay que conocerla: “Ayúdame
                   a conocerte bien. Así te amaré” (CT 141)


                   Los cuatro medios para poseer la Sabiduría son: deseo
                   ardiente,  oración  continua,  mortificación  universal  y
                   devoción tierna y verdadera a la Santísima Virgen, como
                   el secreto más maravilloso para adquirirla y conservarla.


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