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El Amor de la Sabiduría Eterna
CAPÍTULO TERCERO
MARAVILLAS DEL PODER DE LA SABIDURÍA
DIVINA EN LA CREACIÓN
DEL MUNDO Y DEL SER HUMANO
1. EN LA CREACIÓN DEL MUNDO
31 La Sabiduría eterna comenzó a brillar fuera del seno
de Dios cuando –después de toda la eternidad– creó la luz,
el cielo y la tierra.
24
Dice san Juan que todo fue creado por la Palabra , es decir,
por la Sabiduría eterna. Salomón, a su vez, la define como
madre y artífice de todas las cosas (Sab 7,12-21). Nótese bien
que no la llama solamente artífice del universo, sino madre
del mismo. Porque el artífice no ama ni cuida su obra como
lo hace la madre con su hijo.
32 Una vez creadas todas las cosas, la Sabiduría
permanece en ellas para contenerlas (Sab 1,7), sostenerlas
y renovarlas (Sab 7,27). Esta belleza soberanamente recta,
después de crear el mundo, estableció el orden maravilloso
que reina en Él. Escogió, organizó, sopesó, añadió y contó
cuanto hay en Él.
Extendió los cielos, colocó ordenadamente el sol, la luna,
las estrellas y los planetas, estableció los fundamentos de
la tierra, fijó límites y leyes al mar y a los abismos, moldeó
las montañas: lo pesó y equilibró todo, hasta las mismas
fuentes.
24 Jn 1,3. En este capítulo, el P. de Montfort nos ofrece en antítesis
impactante: primero, el amor desbordado de la Sabiduría creadora (el
universo maravilloso y su obra maestra, el ser humano) y segundo, el no
al amor, que es el pecado y sus consecuencias desastrosas para el ser
humano mismo. El ser humano se aleja de Dios creyendo liberarse de él,
pero al actuar así, se hace esclavo de sí mismo y de las criaturas.
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