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              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

              Finalmente  –dice  ella  misma–  yo  estaba  junto  a  Dios  y
              dictaba leyes con precisión tan perfecta y con variedad tan
              agradable a la vez, que todo era como un juego con el cual
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              me divertía y complacía a mi Padre .
              33  Efectivamente, este inefable juego de la Sabiduría de
              Dios puede verse en las diferentes criaturas con que pobló
              el universo.

              Porque, sin hablar de las distintas especies de ángeles –casi
              infinitas en número–, ni del tamaño diferente de los astros,
              ni  de  la  desigualdad  de  los  temperamentos  humanos,
              ¡qué admirables cambios no vemos en las estaciones y los
              tiempos! ¡Qué variedad de instintos en los animales! ¡Qué
              diversidad de especies en las plantas, de hermosura en las
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              flores y de sabor en los frutos! El que es sabio lo comprenderá .
              ¿A quién se ha manifestado la Sabiduría? En efecto, sólo él
              comprenderá estos misterios de la naturaleza.

              34  La  Sabiduría  ha  revelado  estos  misterios  a  los
              santos, como leemos en sus biografías. Por ello, a veces se
              maravillaban  tanto  al  contemplar  la  belleza,  suavidad  y
              orden que la divina Sabiduría ha colocado en las cosas más
              pequeñas,  tales  como  las  abejas,  las  hormigas,  la  espiga
              de  trigo,  una  flor,  un  gusanillo  de  tierra,  que  quedaban
              arrobados y extasiados ante ellas.










              25  Prov 8,30-31: “Yo estaba junto a él como aprendiz, yo era su encanto
                 cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de
                 la tierra, disfrutaba con los seres humanos”. El texto fue interpretado en
                 clave mariana. A su luz muchas imágenes de la Virgen (p. ej., la Virgen
                 de Monserrat...,) presentan a María como el trono viviente de la Sabiduría
                 creadora, que “juega con la bola de la tierra”.
              26  Os 14,10;  ver  Sal 107(106),43: “El inteligente que retenga estos hechos
                 y medite el amor del Señor”.
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