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                                      Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen

                   Todo se resume en obrar siempre: por María, con María, en
                   María y para María, a fin de obrar más perfectamente por
                   Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo y para Jesucristo.


                           1. Obrar por María o conforme al espíritu de María


                   258    Hay  que  realizar  las  propias  acciones  por  María,
                   es  decir,  es  preciso  obedecer  en  todo  a  María,  moverse
                   en todo a impulso del espíritu de María, que es el Santo
                   Espíritu de Dios. Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que
                   se dejan llevar por el Espíritu de Dios (Rom 8,14). Los que
                   son conducidos por el espíritu de María, son hijos de
                   María y, por consiguiente, hijos de Dios, como ya hemos
                               188
                   demostrado .  Y,  entre  tantos  devotos  de  la  Santísima
                   Virgen, sólo son verdaderos y fieles devotos suyos los que
                   se dejan conducir por su espíritu.

                   He dicho que el espíritu de María es el espíritu de Dios,
                   porque Ella no se condujo jamás por su propio espíritu,
                   sino por el espíritu de Dios, el cual se posesionó en tal
                   forma de Ella que llegó a ser su propio espíritu. Por ello,
                   las palabras de San Ambrosio: “More en cada uno el alma
                   de  María, para engrandecer al Señor; more en cada uno el
                   espíritu de María, para regocijarse en Dios”.

                   ¡Qué  dichoso  quien  –a  ejemplo  del  piadoso  hermano
                                           189
                   jesuita Alfonso Rodríguez , muerto en olor de santidad–,
                   se halla totalmente poseído y es conducido por el espíritu
                   de María! ¡Espíritu que es suave y fuerte, celoso y prudente,
                   humilde e intrépido, puro y fecundo!


                   259 Para dejarte conducir  por el espíritu de María  es
                   preciso que:



                   188  VD 29-30.
                   189  San Alfonso Rodríguez (1533-1617), canonizado el 15 de enero de
                       1888 por León XIII.
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