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↑ ÍNDICE
Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort
1º antes de obrar –por ejemplo, antes de orar, celebrar la
misa o participar en ella, comulgar, etc.– renuncies a tu
propio espíritu, a tus propias luces y voluntad. Porque
las tinieblas de tu propio espíritu y la malicia de tu
propia voluntad y operaciones son tales que, si las
sigues, por excelentes que te parezcan, obstaculizarán
al santo espíritu de María;
2º te entregues al espíritu de María para ser movilizado
y conducido por él de la manera que Ella quiera.
Debes abandonarte en sus manos virginales, como
la herramienta en manos del obrero, como el laúd
en manos de un tañedor. Tienes que perderte y
abandonarte a Ella como una piedra que se arroja
al mar; lo cual se hace sencillamente y en un
momento con una simple mirada del espíritu, un
ligero movimiento de la voluntad o pocas palabras,
diciendo, por ejemplo: “¡Renuncio a mí mismo y me
consagro a ti, querida Madre mía!” Y, aun cuando
no sientas ninguna dulzura sensible en este acto de
unión, no por ello deja de ser verdadero; igual que si
dijeras -¡no lo permita Dios!-: “Me entrego al diablo”,
con toda sinceridad, aunque lo digas sin inmutarte
sensiblemente, pertenecerías realmente al diablo;
3º durante la acción y después de ella, renueves de tiempo
en tiempo el mismo acto de ofrecimiento y unión. Y
cuanto más lo repitas, más pronto te santificarás y
llegarás a la unión con Jesucristo. Unión que sigue
siempre a la unión con María, dado que el espíritu de
María es el espíritu de Jesús.
2. Obrar con María o a imitación de María
260 Hay que realizar las propias acciones con María, es
decir, mirando a María como el modelo acabado de toda
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virtud y perfección , formado por el Espíritu Santo en
190 Ver LG 65; Signum Magnum 14-15; MC 37.
191 Ver LG 56.
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