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              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

              Asimismo,  los  orgullosos,  aunque  católicos,  teniendo
              como  tienen  las  mismas  inclinaciones  que  su  padre,
              Lucifer, desprecian o miran con indiferencia el avemaría y
              consideran el rosario como devoción de mujercillas, sólo
              buena  para  ignorantes  y  analfabetos.  Por  el  contrario,
              la  experiencia  enseña  que  quienes  manifiestan  grandes
              señales  de  predestinación  estiman  y  rezan  con  gusto  y
              placer el avemaría, y cuanto más unidos viven a Dios, más
              aprecian esta oración. La Santísima Virgen lo decía al Beato
              Alano a continuación de las palabras antes citadas.

              251   No sé cómo ni por qué, pero es real; no tengo mejor
              secreto para conocer si una persona es de Dios que
              observar  si  gusta  de  rezar  el  avemaría  y  el  rosario.  Digo
              “si  gusta”  porque  puede  suceder  que  una  persona  esté
              natural  o  sobrenaturalmente  imposibilitada  de  rezarlos,
              pero siempre los estima y recomienda a otros.


              252   Recuerden, almas predestinadas, esclavas de Jesús
              en María, que el avemaría es la más hermosa de todas las
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              oraciones  después  del  padrenuestro . El  avemaría  es el
              más perfecto cumplido que pueden dirigir a María. Es, en
              efecto, el saludo que el Altísimo le envió, por medio de un
              arcángel, para conquistar su corazón, y fue tan poderoso
              -dados sus secretos encantos- sobre el corazón de María,
              que,  no  obstante  su  profunda  humildad,  Ella  dio  su
              consentimiento a la encarnación del Verbo. Con este saludo
              debidamente  recitado,  también  ustedes  conquistarán
              infaliblemente su corazón.

              253   El avemaría bien dicha, o sea, con atención, devoción
              y modestia, es –según los santos– el enemigo del diablo,
              a  quien  hace  huir,  y  el  martillo  que  lo  aplasta.  Es  la
              santificación del alma, la alegría de los ángeles, la melodía
              de  los  predestinados,  el  cántico  del  Nuevo  Testamento,


              182  Sobre el Rosario y sus oraciones, ver El Secreto Admirable del smo.
                  Rosario.
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