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↑ ÍNDICE
Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen
los más instruidos. Ha sido necesario que la Santísima
Virgen se haya aparecido muchas veces a grandes y
muy esclarecidos santos –como Santo Domingo, San
Juan de Capistrano o el Beato Alano de la Rupe– para
manifestarles por si misma el valor del avemaría. Ellos
escribieron libros enteros sobre las maravillas y eficacia
de esta oración para convertir las almas. Proclamaron
a voces y predicaron públicamente que, habiendo
comenzado la salvación del mundo por el avemaría, a esta
oración está vinculada también la salvación de cada uno
en particular; que esta oración hizo que la tierra seca y
estéril produjese el fruto de la vida, y que, por tanto, esta
oración, bien rezada, hará germinar en nuestras almas la
Palabra de Dios y producir el fruto de vida, Jesucristo;
que el avemaría es un rocío celestial que riega la tierra,
es decir, el alma, para hacerle producir fruto en tiempo
oportuno, y que un alma que no es regada por esta
oración celestial no produce fruto, sino malezas y espinas
y está muy cerca de recibir la maldición.
250 Esto es lo que la Santísima Virgen reveló al Beato
Alano de la Rupe, como se lee en su libro De dignitate Rosarii
y luego en Cartagena: “Sabe, hijo mío, y hazlo conocer a
todos, que es señal probable y próxima de condenación
eterna el tener aversión, tibieza y negligencia a la recitación
de la salutación angélica, que trajo la salvación a todo el
mundo”. Palabras tan consoladoras y terribles a la vez,
tanto que nos resistiríamos a creerlas si no las garantizara
la santidad de este santo varón y la de Santo Domingo
antes que él, y después, la de muchos grandes personajes,
junto con la experiencia de muchos siglos. Pues siempre se
ha observado que los que llevan la señal de la reprobación
–como los herejes, impíos, orgullos y mundanos– odian y
desprecian el avemaría y el rosario.
Los herejes aprenden a rezar el padrenuestro, pero no el
avemaría ni el rosario. A éste lo consideran con horror.
Antes llevarían consigo una serpiente que una camándula.
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