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↑ ÍNDICE
La Compañía de María, Regla de los Sacerdotes Misioneros
de los verdaderos misioneros –como San Pablo– es poder
decir con toda verdad: no tenemos domicilio fijo, (1Cor 4,11).
3 3. No se recibe a sacerdotes enfermos ni de mucha
edad –es decir, de más de sesenta años– por no ser ya
capaces de soportar los combates que los misioneros, como
valientes campeones de Jesucristo, deben trabar sin cesar
con los enemigos de la salvación. Pero, si algún sacerdote
de la Compañía viene a quedar –a causa de la edad o la
enfermedad– imposibilitado de trabajar en las misiones, va
a descansar a una casa que la Compañía tiene para ello.
4 4. Se recibe, sin embargo, a hermanos legos, para que
cuiden de lo temporal. Con tal que sean desapegados de
las cosas terrenas, vigorosos y obedientes, prontos a hacer
cuanto se les ordene.
5 5. Unos y otros han de estar desprovistos de beneficios,
aun simples, y de bienes temporales, aun de patrimonio; si
los tienen antes de entrar en la Compañía, dejan los beneficios
en manos de los patronos, y los bienes patrimoniales a sus
parientes o a los pobres, según el dictamen de un hombre
prudente, cambiando así sus bienes patrimoniales por el de
Dios mismo, que es el de su inagotable providencia.
6 6. Desligados así de todo empleo y del cuidado de
todo bien temporal capaz de detenerlos o atarlos a algún
lugar, se hallan disponibles para correr, como san Pablo,
san Vicente Ferrer, san Francisco Javier y los demás
Apóstoles, adondequiera que Dios los llame: ciudades,
campos, pueblos, aldeas, cerca o lejos; siempre disponibles
al llamamiento de la obediencia: me siento animado, (Sal
108[107], 2); Aquí estoy... para realizar tu voluntad, (Hb
10,7). Y sin decir jamás lo que tantos sacerdotes terrenos,
tantos beneficiados de negocios, tantos eclesiásticos del
placer, tantos huéspedes del reposo dicen todos los días a
su manera: Compré, compré... acabo de casarme, etc., y por esta
razón no puedo ir, te ruego me disculpes, (ver Lc 14,18-20).
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