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              Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort

              232      Conviene  también  que  paguen  en  ese  día  algún
              tributo  a  Jesucristo  y  a  su  santísima  Madre,  ya  como
              penitencia por su infidelidad al compromiso bautismal, ya
              para patentizar su total dependencia de Jesús y de María.
              Este  tributo,  naturalmente,  dependerá  de  la  devoción  y
              capacidad de cada uno, como –por ejemplo– un ayuno, una
              mortificación, una limosna o un cirio. Pues, aun cuando
              sólo dieran, en homenaje, un alfiler, con tal que lo den de
              todo corazón, sería bastante para Jesús, que sólo atiende a
              la buena voluntad.

              233      Al  menos  en  cada  aniversario,  renovarán  dicha
              consagración,  observando  las  mismas  prácticas  durante
              tres semanas. Todos los meses y aun todos los días pueden
              renovar  su  entrega  con  estas  pocas  palabras:  “Soy  todo
              tuyo  y  cuanto  tengo  es  tuyo,  ¡oh  mi  amable  Jesús!,  por
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              María, tu Madre santísima” .

                   2. Rezo de la coronilla

              234   Segunda práctica. Rezarán todos los días de su vida
              –aunque sin considerarlo como obligación– la Coronilla de
              la Santísima Virgen, compuesta de tres padrenuestros y doce
              avemarías, para honrar los doce privilegios y grandezas de
              la Santísima Virgen. Esta práctica es muy antigua y tiene
              su fundamento en la Sagrada Escritura. San Juan vio una
              mujer  coronada  de  doce  estrellas,  vestida  del  sol  y  con
              la luna bajo sus pies (ver Ap 12,1). Esta mujer –según los
              intérpretes– es María.

              235   Sería prolijo enumerar las muchas maneras que hay
              de rezarla bien. El Espíritu Santo se las enseñará a quienes
              sean más fieles a esta devoción. Para recitarla con mayor
              sencillez será conveniente empezar así: “Dígnate aceptar
              mis alabanzas, Virgen Santísima. Dame fuerzas contra tus
              enemigos”. En seguida rezarás el Credo, un padrenuestro,


              175  Fórmula inspirada en san Buenaventura.
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