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Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen
cuatro avemarías y un gloria; todo ello tres veces. Al fin
dirás: Bajo tu amparo...
3. Llevar cadenillas de hierro
236 Tercera práctica. Es muy laudable, glorioso y útil
para quienes se consagran como esclavos de Jesús en
María llevar, como señal de su esclavitud de amor, alguna
cadenilla de hierro bendecida con una fórmula propia
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que se ofrece más adelante . Estas señales exteriores no
son, en verdad, esenciales, y bien pueden suprimirse aun
después de haber abrazado esta devoción. Sin embargo,
no puedo menos de alabar en gran manera a quienes, una
vez sacudidas las cadenas vergonzosas de la esclavitud
del demonio –con que el pecado original y tal vez los
pecados actuales los tenían atados–, se han sometido
voluntariamente a la esclavitud de Jesucristo y se glorían,
con San Pablo, de estar encadenados, por Jesucristo (ver
Ef 3,1 y Flm 1.9), con cadenas mil veces más gloriosas y
preciosas –aunque sean de hierro y sin brillo– que todos
los collares de oro de los emperadores.
237 En otro tiempo no había nada más infamante que la
cruz. Ahora este madero es lo más glorioso del cristianismo.
Lo mismo decimos de los hierros de la esclavitud.
Nada había entre los antiguos más ignominioso, ni lo hay
entre los paganos. Pero entre los cristianos no hay nada
más ilustre que estas cadenas de Jesucristo, porque ellas
nos liberan y preservan de las ataduras infames del pecado
y del demonio, nos ponen en libertad y nos ligan a Jesús y
a María, no por violencia y a la fuerza, como presidiarios,
sino por caridad y amor, como a hijos: Con correas de amor
los atraía (Os 11,4) –dice el Señor por la boca de su profeta–.
Estas cadenas de amor son, por consiguiente, fuertes como
la muerte (Cant 8,6) y, en cierto modo, más fuertes aún para
176 La medalla y su cadena pueden remplazarlas.
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